En la comunidad de Caracama, en Madre de Dios, siguiendo la
carretera de Puerto Carlos y siguiendo el río con el mismo nombre que la
región, los pobladores mencionan que hay un ser que es capaz de hacer realidad
lo que se desea, pero solo si eres parte de los Umas, quienes son el
equivalente a un sacerdote o un chaman.
En la entrevista que le hice a algunos miembros de este
grupo, me mencionaron no se puede contactar con este ser en cualquier momento,
ya que es similar a un espíritu de la selva. Primero se tiene que hacer un
ritual en el que se suele usar brebajes hechos a base de ayahuasca y otras
hiervas.
Estos curanderos me mencionaron que tienen diferentes
maneras de llamar a este ser, como, por ejemplo, Hombre de Río o Yakuruna.
Cuentan que no existe uno solo, sino que son varios, tantos como las localidades
y que existe uno por cada pueblo. El del pueblo de Caracama tiene apariencia de
un hombre de aproximadamente 35 años, quien viste un taparrabos, y además tiene
un excéntrico bigote, cuya descripción se parece a la de Iknik Blackstone. Siempre
está montado sobre un caimán, ya que nunca pone un pie en la tierra. Pero su característica
más importante es su brazo derecho, el cual es una serpiente.
Los Umas me mencionaron que, para lograr llamarlo, primero
tiene que ser una noche de plenilunio, ya que si se le contacta en otro momento
se puede enojar. El Uma debe seguir el río en solitario hasta un punto en donde
no pueda ser visto por nadie. Una vez allí debe tomar el brebaje mientras ora
por su presencia. Al cabo de un rato una niebla cubrirá el ambiente de donde
saldrá navegando el Yakuruna. Allí con todo respeto debes pedirle tu solicitud
y él decidirá si cumplirla o no. Se puede pedir tanto el bien como el mal para
cualquier persona, pero un factor a destacar es que el ser no cumplirá el deseo
sin recibir nada a cambio, ya sea material o espiritual. Para cerrar el trato,
el Yakuruna le pide al Uma ser mordido por su brazo; luego de esto el ser de
desvanecerá.
Los chamanes, me señalaron que suelen usar su poder para
evitar que el río se desborde, evitar que una plaga infecte a su ganado o que
simplemente haya prosperidad. Además, me advirtieron que, al pedirle un mal, el
precio de lo que se dará a cambió suele ser más alto. Y quienes no le den su
retribución, lo harán enojar y caerá sobre ellos una especie de maldición a
largo plazo.
No estoy seguro que tan ciertas sean estos relatos, ya que nadie a parte de ellos a podido divisar a aquella peculiar criatura; pero de lo que sí estoy seguro es que la devoción que estas personas le tienen es tan grande como la de cualquier otra religión que haya habido.



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